FAMILIAS MORMONAS

Ayudando a los niños a aprender

Los niños aprenden del mundo en el cual viven.  No es necesario que sea un mundo lleno de cosas materiales; sin embargo, si les muestran interés y están deseosos de dar de su tiempo y talento, estarán dando a los niños una oportunidad de vivir en un mundo rico en el cual puedan aprender.

Mauricio recibe la ayuda de mamá

Mauricio cursaba el tercer año en la escuela y estaba un poco atrasado en la clase de lectura.  Los médicos habían dicho que no estaba enfermo de la vista y tampoco tenía deficiencias de aprendizaje.  Por alguna razón u otra, evitaba la lectura, y en lugar de estudiar se pasaba las tardes dando caminatas cerca de su casa.  Cuando los padres lo enviaban a su habitación para leer un capítulo, se ponía  a construir castillos de pequeños pedazos de papel o se ponía a dibujar.
Un día, la madre de Mauricio se sentó con él en la cama y le dijo: “Leamos juntos el libro, una palabra a la vez. Tú leerás una palabra y yo la siguiente”.  Al principio Mauricio se ponía malhumorado y cuando le tocaba su turno para leer, susurraba las palabras enojado.

El entusiasmo de la madre lo animó bastante.  A menudo lo felicitaba por el progreso que había logrado.  Comenzó a disfrutar los treinta minutos de lectura diaria con su madre. (Para la mamá esto significaba delegar otras responsabilidades, por ejemplo: la hija de once años se encargaba de cuidar al bebé, y la otra hija adolescente tenía la responsabilidad de empezar a preparar la cena.  El tiempo de lectura pronto se convirtió en una parte muy importante de la rutina diaria).

Poco a poco mejoró tanto la comprensión como la velocidad con que leía Mauricio.  Ahora, en lugar de alternar palabras, se leían frases completas; después párrafos y al final páginas completas.  Al final del año escolar, Mauricio leía más arriba del promedio normal de lectura del grupo.

La madre de Mauricio no utilizó una fórmula mágica para ayudarle a que aprendiera a leer; le ayudó a aprender un principio correcto.  Le enseñó a Mauricio que si realmente deseaba aprender y mejorar, iba a ser necesario trabajar constantemente y tener fe en sus propios esfuerzos.  Como resultado, él mejoró.  En las creencias mormonas, la fe y las obras van de la mano en tales esfuerzos.

  • ¿Qué hizo la madre de Mauricio para animarlo?
  • ¿Qué hubiera pasado si la madre de Mauricio lo hubiera puesto a leer sin mostrar siquiera un esfuerzo por ayudarle?

Ayudar a un niño a vencer el fracaso. Por lo general, cuando un niño ha fallado en algo, lo reconoce.  No es necesario repetirle que ha fracasado.  Al contrario, deberíamos ayudarle para ver si es posible descubrir las causas por las cuales fracasó y animarlo para que haga otro esfuerzo.  Esto fue lo que hizo la madre de Patricia en la historia siguiente:

La torta de Patricia

Patricia, de doce años de edad, comenzó a llorar cuando vio que la torta se le había quemado.  La madre, al escuchar su llanto, entró a la cocina, vio la torta y preguntó: “¿Qué sucedió?”

“Quemé la torta”, dijo Patricia muy descontenta.

“Sí, ya veo.  Vamos a ver qué fue lo que pasó”, dijo la madre mientras ponía sus brazos alrededor de la niña.  “Sé que no lo hiciste intencionalmente, me doy cuenta de que te sientes muy mal.  Sécate los ojos y leamos la receta juntas”.
Patricia y su mamá leyeron la receta juntas y descubrieron que la temperatura del horno la habían puesto demasiado alta.  “Ahora que ya sabemos lo que pasó, lavemos los platos y hagamos otra vez la receta”.

La madre de Patricia convirtió una experiencia negativa en positiva animando a su hija a descubrir cuál había sido el error y la manera de corregirlo.  Reconoció los sentimientos de su hija y no la condenó.  Instó a Patricia para que tratara de hacer la torta otra vez, y de esta manera su confianza permaneció intacta. Algunas veces la forma en que reaccionamos con nuestros hijos afecta la manera en que ellos aprenden y cumplen con una tarea. (Adaptado del Curso de Estudio de la Sociedad de Socorro, 1984, “Educación para la madre”, lección 1, “El encomio y la crítica constructiva”).  (El Curso de Estudio de la Sociedad de Socorro es un los libros mormones, o manuales, para instrucción).

Dar a los niños la oportunidad de ayudar y desarrollarse. Algunas veces es muy poco lo que esperamos de nuestros hijos porque no les damos todo el crédito que merecen; no vemos sus verdaderas capacidades.  La siguiente narración ilustra que los niños sólo necesitan la oportunidad para poder ayudar.  Ellos aprenden y son capaces de aprender mucho más de lo que nosotros nos imaginamos.

Sergio tiene deseos de ayudar

Diana estaba a punto de cambiarle el bebé a su pañal y exclamó: “Oh, no, los pañales están en la otra habitación”. El pequeño Sergio, de sólo dieciocho meses de edad, salió y fue en busca de los pañales limpios.  Aunque todavía no había aprendido a hablar, comprendió lo que su mamá necesitaba.

Diana se sorprendió, creía que el niño sabía menos de lo que realmente sabía.  Durante las siguientes semanas, empezó a darle más responsabilidades al pequeño.  Diana se sorprendió mucho de la facilidad que el pequeño tenía de encontrar las cosas perdidas y, en general, de ver con cuánto entusiasmo hacía lo que ella pedía.  Cuando se le mandaba, abría la puerta para que entrara el gato.  Se quedaba al lado de la cama de su hermanito cuando ella tenía que abrir la puerta que daba a la calle.  Aprendió que no debía acercarse a la puerta del horno.  A medida que Sergio iba creciendo y desarrollándose, Diana le fue asignando más y más tareas que él podía llevar a cabo.  Ella siempre le demostró lo feliz que se sentía de la ayuda que estaba recibiendo del niño, y este parecía que gozaba en ser el pequeño ayudante de mamá.

Cuando a los niños se les ofrecen oportunidades de ayudar, se les está dando el privilegio de que descubran sus puntos fuertes y débiles.  Los mormones creen que las personas a menudo crecen a la medida de sus situaciones y oportunidades de servicio.

Rolando

Boy smiling over his homeworkEl papá de Rolando estaba tratando de reaccionar en una forma positiva al leer la tarjeta de calificaciones de la escuela de Rolando.  “¡Bueno, la calificación en la clase de gramática no es muy buena, pero fíjate qué buenas marcas obtuviste en matemáticas!”.

Desafortunadamente, Rolando no vivirá en un mundo totalmente regido por las matemáticas. Vivirá en mundo donde será necesario saber leer, escribir y comunicarse, y es aparente que su habilidad en la clase de gramática es muy limitada.

Quizás sea cierto que Rolando prefiera las matemáticas y hasta tenga el talento con los números.  Tal vez haya una variedad de razones por las cuales haya obtenido una calificación baja en gramática.  Aunque su padre debería animar a Rolando para que continúe distinguiéndose en matemáticas, también debería alentarlo para que mejore en gramática.  El permitir que los logros en matemáticas justifiquen la falta de esfuerzo en la clase de gramática será una muestra de irresponsabilidad.  Los padres de Rolando y Rolando mismo primeramente deben saber dónde es que él necesita ayuda, y después ayudarlo para que mejore sus habilidades en la clase de gramática.

    • ¿Cuál es la responsabilidad de Rolando?
    • ¿Cuál es el deber de su padre?
    • ¿En qué manera podría el padre de Rolando ayudarlo para que aprendiera?

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La Escritura del día

Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros.

3 Nefi 11:29

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