FAMILIAS MORMONAS

En las creencias mormonas, como en otras, el compartir las tristezas es importante para lograr la unidad familiar.  ¿Cómo podrían los padres mostrar compasión en situaciones como la siguiente?

El viaje de Aida a la excursión para el trabajo de campo

Aida, de quince años de edad, había trabajado duro en su clase de historia para tener derecho a la excursión para realizar trabajo de campo. Sólo el cuarto superior de la clase podría ir, y ella se había ganado un asiento en el autobús sólo dos días antes del plazo. La noche antes del viaje, Aida contrajo faringitis. Su padre quería decir algo para consolarla, pero se preguntaba qué podría decir.

Daniel y el fútbol

Daniel, de doce años de edad, Daniel quedó fuera de nuevo. Después de la escuela los muchachos organizaron rápidamente equipos de fútbol y no dejaron ninguna posición para él. Él esperó fuera del campo a que alguien lo invitara, pero nadie lo hizo. La madre de Daniel le vio volver a casa solo, arrastrando los pies y con las manos metidas en los bolsillos. ¿Cómo podría ella ayudarlo?

Judit y Firulais

“¡Madre!” gritó Judit, “¡Firulais ha sido atropellado por un auto y creo que está muerto!” La hermana Elton (en el mormonismo, las mujeres adultas son a menudo llamadas hermanas) se preguntaba qué significaría la pérdida de esa amada mascota para su hija de seis años de edad. ¿Cómo podría consolarla y ayudarla a entender?

Las tristezas de la infancia son muy reales. El compartirlas con sus hijos puede ayudarles a comprender la manera de entender sus problemas y fortalece la relación de sus hijos con usted. He aquí otro ejemplo de cómo un padre podría compartir la tristeza de su niño.

La decisión de Eric

Sin tener que preguntar, Juan podía saber que su hijo estaba preocupado. Eric soltó el siguiente comentario: “Ellos sólo me mantuvieron en el equipo para que los chicos que juegan pudieran practicar. ¡El entrenador dijo que yo probablemente nunca estaría en un partido –a menos que juguemos con una escuela de niñas!”

Esto es lo que había pasado. Eric había practicado durante meses. Al comienzo del año escolar, había llegado a casa tarde de la escuela, pero emocionado –él había sobrevivido a la última selección y formaba parte del equipo. Ahora, la temporada estaba a más de la mitad y Eric no había jugado en ningún partido. Él sabía que el resto de la temporada sería lo mismo y quería renunciar al equipo.

El padre de Eric podía sentir el desánimo de su hijo y se sentó silenciosamente en la cama mientras Eric seguía hablando. Finalmente su padre dijo: “Tú has trabajado duro en esto. Te he observado y creo que mereces lo mejor, hijo. No sé si el entrenador tiene razón o está equivocado en cuanto a esto, pero ¿has pensado en lo que crees que sería correcto que hicieras? “

Eric no creía que la pregunta de su padre tenía sentido. “¿Qué puedo hacer?” murmuró él. “Tú puedes renunciar”, dijo su padre. Pero, justo en ese momento, Eric supo que renunciar era la última cosa que quería hacer.

Y entonces comenzó a entender la pregunta de su padre. “¿Lo que creo es correcto?” se dijo Eric a sí mismo. Aunque el entrenador hubiera hecho bien o mal, hubiera sido sabio o necio, Eric sintió que él podría enfrentar mejor la situación siendo fiel a lo que él creía. Y él no creía que debía renunciar.

Él meditó en lo que él podía hacer. Él sería fiel a lo que él sabía que era correcto. Él sentía que tenía que ser caritativo con su entrenador, trabajar duro en el equipo y en la escuela y aprender lo más que pudiera de su experiencia. Él le dijo a su padre: “Papá, no me gusta lo que está pasando, pero no voy a renunciar”.

Al compartir las tristezas de los hijos, usted puede ver sus penas como suyas. Usted llegará a ser uno con ellos. También les ayudará a ver que no importa cuán grande sea la tristeza, nunca deben perder la esperanza. Los mormones creen en el poder de la empatía.

 

 

1 comentario

  1. Solange Mendoza dice:

    Recorde cuando encontre i hijo mayor con unran penor su rompimiento con su primerolola,pari se me hizo tan normal empatizar con él,y no me di cuente lo importantisimo que ese momento erarl. Tiempo despues él me dio las gracias por no haberme reido de su pena… Creyó que por no ser un probleme adulto yo no le dariimportancia, siempre lo recuerdo y le doy las gracias uestro Padre Celestial pararme labidurin ese momento. No tuve unadre que me enseñarero esterdad es tan grande que me ado las herramientas parriar bien i mis hijos y sola…

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La Escritura del día

Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros.

3 Nefi 11:29

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