FAMILIAS MORMONAS

El arrepentimiento en el mormonismo

Cuando uno desarrolla fe en Jesucristo y comienza a comprender el propósito de la vida mortal, esto dará lugar a un deseo de arrepentimiento.  El arrepentimiento es el segundo principio del Evangelio en el mormonismo. El arrepentimiento es necesario para la salvación, “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Toda persona que ha vivido sobre la tierra, con la excepción de Jesucristo, ha pecado de alguna manera. Se ha escrito acerca del pecado en las Escrituras como “toda injusticia” (1 Juan 5:17) “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17). Estas escrituras describen que hay pecados de comisión y pecados de omisión. Ya sea intencional o no, todos deben arrepentirse de sus pecados para heredar el reino de Dios. Sin embargo, como el profeta mormón, José Smith, escribió, “los hombres serán castigados por sus propios pecados, y no por la transgresión de Adán” (Artículos de Fe # 2). Los mormones no creen que el pecado original se herede, pero una vez que los seres humanos llegan a la edad de responsabilidad de ocho años, todos inevitablemente pecan y deben arrepentirse.

El arrepentimiento es el proceso a través del cual podemos ser perdonados por nuestros pecados y transgresiones. En el mormonismo, el alma está en un eterno viaje del cual esta vida es sólo una parte. La mancha de pecado bloquea nuestro progreso eterno e impide la totalidad de bendiciones y gloria posibles en el plan de salvación. El arrepentimiento es posible debido al sacrificio de Jesucristo. Dado que Él vivió una vida sin pecado, él es capaz de satisfacer las exigencias de la justicia y misericordiosamente conceder el perdón a los que obedecen Su Palabra.

Los pasos del arrepentimiento comienzan con el reconocimiento de nuestros pecados. Para ello es preciso un conocimiento de lo que son pecados, y una admisión por el pecador. Los pecados más graves suelen ser evidentes, aunque hay muchos que “a lo malo le dicen bueno, y a lo bueno malo” (Isaías 5:20), pero saber todo lo que el Señor ha mandado toma un estudio regular de las palabras de los profetas tanto en la antigua como en la moderna Escritura. Los dirigentes de la Iglesia Mormona, los profetas y apóstoles contemporáneos, dan consejo actual para identificar y evitar aquellos pecados que asolan al mundo. Además de la debilidad personal evidente para nosotros, se necesita un examen cuidadoso para corregir los pecados de omisión menos obvios.

También debemos sentir pesar por nuestros pecados. Un transgresor descubierto en el momento del pecado se apresura a pedir disculpas, pero no necesariamente es sincero. Este pesar se intensificará a medida que crece la fe en Cristo y el pecador se da cuenta de la carga y las terribles consecuencias del pecado. “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte” (2 Corintios 7:10).

Una vez que sentimos pesar divino por nuestros pecados, querremos renunciar a ellos. Si el transgresor es sorprendido en repetidas ocasiones por la misma fechoría, la disculpa es, sin duda, fingida, y las transgresiones se acumularán en contra de él. El Señor advierte, “los pecados anteriores volverán al alma que peque” (D & C 82:7). El hábito del pecado es poderoso, es más fácil de decir que hay que detenerlo que el hacerlo, pero el arrepentimiento es un proceso, ya sea que el abandonar el pecado se haga en un momento o sea progresivo, es necesario dejar atrás nuestros pecados.

También debemos confesar nuestros pecados.  La confesión requiere de la humildad necesaria para el perdón.  Debemos confesar todos nuestros pecados al Señor.  En el mormonismo, la confesión a una autoridad de la Iglesia es necesaria para los pecados más graves, como el adulterio o los que están en violación de la ley.  Los pecados de este grado pueden afectar su posición en la Iglesia. Sin embargo, el proceso continuo de perfeccionamiento de uno mismo es entre el individuo y el Señor. No se necesita buscar a un obispo por cada palabra o pensamiento impuro. Si se ha ofendido a otra persona con nuestros pecados, la confesión ante aquellos contra los que hemos pecado es parte del arrepentimiento.

Por último, como parte del arrepentimiento, se lleva a cabo la restitución. Cuando se tomó algo, se devuelve. Quizás los más difíciles sean los errores intangibles. Una mala palabra mal intencionada debe ser contrarrestada por las disculpas y palabras de bondad. A pesar de que el pecado no pueda ser borrado de la memoria de la parte ofendida, su maldad debe ser igualada y superada con buenas obras. Para recibir el perdón de los pecados debemos corregir cualquier error que hayamos esparcido en todas partes.

Perdonar es una parte de recibir el perdón también. Después de dar su Oración, el Señor nos enseña, “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial” (Mateo 6:14). El arrepentimiento es una renovación del alma, cambia todo nuestro carácter. Se abandona el mal y es sustituido por buenas obras, por guardar todos los mandamientos, y llevar una vida de virtud. En el Mormonismo, el arrepentimiento es más que un confesionario regular para pedir perdón al Señor y a la iglesia por las malas acciones. Es el constante proceso de conversión de la persona hacia Cristo. El arrepentimiento es necesario para todos cada día para lograr el auto-perfeccionamiento.

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Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros.

3 Nefi 11:29

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