FAMILIAS MORMONAS

Este artículo proviene del Manual de Sugerencias para la Noche de Hogar, Sección “Ideas y ejemplos para ayudarle a resolver problemas y a desarrollar una familia fuerte”, Enseñar por medio del ejemplo, pág. 266. Este es un libro que los mormones usan para una reunión familiar llamada la Noche de Hogar, y usted también puede encontrar útiles algunas de las ideas.

El élder H. Burke Peterson, un líder de la Iglesia Mormona, en una ocasión habló de los deberes que el padre tiene para con su familia y de la necesidad de estar preparados y “escuchar”. “Recuerden, padres, ustedes siempre estan enseñando; ya sea para bien o para mal, su familia está aprendiendo sus normas y creencias” (H. Burke Peterson, “El deber del padre”, Liahona, febrero de 1978, página 128).

Cuando los padres desean enseñar valores específicos a sus hijos, la enseñanza más poderosa vendrá por medio del ejemplo. Los padres enseñan por medio del ejemplo con su amor y disposición para escuchar, para entender y compartir sus creencias más profundas. El siguiente ejemplo ilustra la forma en que lo que pensamos que estamos enseñando no es necesariamente lo que se está aprendiendo.

Lo que aprendió David

La lección de esa Noche de Hogar se trataba del amor. La familia habló de las diferentes maneras que podían utilizar para mostrar amor el uno hacia el otro. David, de siete años de edad, indicó que él podía mostrar amor por sus hermanas más pequeñas tratando de controlarse y no enojarse con ellas aunque jugaran con sus juguetes sin su permiso. No las molestaría ni las empujaría. El padre estuvo de acuerdo en que ésa era una buena idea. Esa noche David tomó la firme resolución de ser más bondadoso con sus hermanas.

La noche siguiente, David estaba tratando de arreglar el pedal de la bicicleta cuando lo llamó su mamá indicándole que ya era la hora de la cena. Él respondió: “¡Ya voy!”, pero continuó moviendo el pedal de la bicicleta; ya le faltaba muy poco para terminar, La madre lo llamó por segunda vez y David contestó: “¡Ya te oí!”, pero no se movió.

Cuando el padre se sentó a la mesa, la mamá de David le dijo: “Ya van dos veces que llamo a David, pero no viene. ¡Cómo quisiera que me obedeciera más!”. El padre de David, que tenía hambre, se estaba poniendo un poco impaciente. Se levantó de la mesa y fue a ver qué pasaba. David todavía estaba arreglando la bicicleta. “¿Qué no oyes que te está llamando tu madre?” le gritó el padre. Le dio un empujón y lo llevó a la casa.

“Pero, papá, solo…”

“Las excusas no valen, David. ¡Ya me tienes cansado con tu desobediencia! ¡Vamos, entra, que nos esperan!” Y le dio otro empujón a David en dirección a la casa.

David se enojó y pensó: “Papá no quiere que empuje a las niñas cuando me hacen enojar, pero él sí me empuja. Me dice que debo portarme bien, pero sus hechos no me están demostrando que me quiere”.

  • Si durante la noche de hogar enseñamos a los niños que deben ser amorosos y bondadosos y después los tratamos con enojo y no somos pacientes con ellos, ¿qué estarán aprendiendo?
  • Si el padre de David siente que su brusquedad se justifica, ¿de qué sirven sus palabras cariñosas?
  • Si el padre de David no se arrepiente de su enojo, ¿qué aprenderá David?
  • Aunque el padre de David no es perfecto, y a veces muestre sus imperfecciones, ¿en qué manera puede ser un buen ejemplo para su hijo? (Admitir sus errores y mostrar a su hijo que se ha arrepentido).

A menudo los padres no se dan cuenta de que están enseñando más de lo que pensaban. El ejemplo tiene mucho más significado para los niños de lo que nosotros nos imaginamos. El élder Vaughn J. Featherstone, otro líder de la fe mormona, contó la historia de un padre que comprendía muy bien la importancia de tener una buena relación con su hijo.

“Hace algunos años, el presidente de una estaca pasó por la casa del maestro Scout de uno de los barrios y lo encontró trabajando con su hijo para arreglar una bicicleta; luego de conversar con ellos por un momento se fue. Después de unas horas regresó y le sorprendió encontrar a padre e hijo todavía ocupados con la bicicleta; por lo cual, dirigiéndose al maestro scout, le dijo: ‘Creo que si tienes en cuenta las horas que te has pasado arreglando la bicicleta y lo que ganas por hora en tu trabajo, te hubiera salido más barato comprar una nueva’.

“Glen se levantó y dijo: ‘No estoy arreglando una bicicleta; estoy enseñando a un muchacho’” (En Informe de la Conferencia, octubre de 1976, págs.. 15354; o Liahona, febrero de 1977, página 53).

  • ¿Podría identificar algunas ocasiones en que sus niños aprendieron algo de usted solo por la manera en que los trataba?
  • ¿Cuándo aprendieron los niños algo importante de usted, sin que estuviera tratando de enseñarles algo?
  • ¿Qué demuestra un acontecimiento así acerca del amor y la importancia de enseñar por medio del ejemplo?

El presidente Benson, quien antes de su muerte fue un profeta mormón, dijo: “Estoy convencido de que antes que un niño pueda ser influenciado positivamente por sus padres, éstos deben haberle demostrado su respeto y amor por él” (En Informe de la Conferencia, abril de 1981, página 46; o Liahona, agosto de 1981, página 54).

Una manera de mostrar un buen ejemplo es escuchar. Una forma importantísima de transmitir nuestros valores morales a los niños es saber escuchar. Es cuando nosotros los escuchamos que ellos aprenden a escucharnos a nosotros. El presidente Ezra Taft Benson nos dio un sabio consejo relacionado con este punto. Él dijo:

“Ínstenlos a pedirles consejo cuando tengan problemas; escúchenlos diariamente. Hablen con ellos de temas como la educación sexual, el salir con personas del sexo opuesto u otros aspectos que puedan ayudarles en la vida, y háganlo en una edad temprana para que esta información no la adquieran de otras fuentes” (“El lugar honorable de la mujer, Liahona, abril de 1982, página 76).

  • ¿Cuáles podrían ser los resultados de escuchar y compartir con nuestros hijos?
  • ¿Cuáles son los beneficios de escuchar y compartir?

El élder Robert L. Backman, miembro del Primer Quórum de los Setenta, (otra sección de la organización del mormonismo), relató un ejemplo de la influencia de la buena comunicación entre un padre y un hijo:

“Conozco a un padre que tiene una bella relación con su hijo. Tienen una buena comunicación, creando así un lazo de confianza, que da gusto percibir. Un día de verano, mientras el padre trabajaba en el huerto, pudo escuchar que su hijo sostenía una seria conversación con un amigo al otro lado de la cerca. El amigo hacía algunas de aquellas preguntas que nos han perturbado a todos cuando estamos creciendo. En lugar de contestarlas, el joven le preguntó: ‘¿Por qué no le preguntas eso a tu padre?’ El amigo replicó: ‘¿Quieres decir que tú puedes hablar con tu padre de estas cosas?’

“Cuando entrevisto a jóvenes que han transgredido las leyes morales, me pregunto cuántos de ellos podrían haber evitado tener tal experiencia si hubieran tenido una buena comunicación con sus padres, y si éstos los hubieran instruido constantemente al respecto” (“Lo que el Señor requiere de los padres”, Liahona, septiembre de 1982, páginas 9-10).

Al hacer una evaluación de la comunicación con su familia, piense acerca de las preguntas siguientes:

  • ¿Escucho sinceramente a cada uno de los miembros de la familia?
  • ¿Es el tiempo que paso con cada uno de ellos de buena calidad?
  • ¿Expreso y muestro mi confianza por cada uno de los miembros de mi familia? ¿En qué manera lo hago?

¿Qué pasa si los niños no se comportan de acuerdo con el ejemplo que están recibiendo? Muchos padres insisten en que sus niños deben ser perfectos, aunque ellos no lo sean. Los niños quizás no reaccionen al ejemplo que están recibiendo de la forma que los padre desearían, pero eso no quiere decir que los niños se han descarriado de la vía recta.

El enseñar a los niños los principios correctos y darles un buen ejemplo no es una garantía de que ellos vivirán de acuerdo con los principios ni tampoco de que seguirán nuestro ejemplo. Su libre albedrío les permite escoger. Sin embargo, nunca debemos dejar de enseñarles y ayudarlos para que hagan lo correcto.

El presidente Kimball dio el siguiente consejo: “He visto a los hijos de buenas familias rebelarse, resistirse, extraviarse, pecar y aun luchar contra Dios. Con esto traen tristeza a sus padres que han hecho lo mejor… y les han puesto el ejemplo con su vida. Pero repetidamente he visto a muchos de esos mismos muchachos, después de años de vagabundear, madurar y darse cuenta de todo lo que han estado perdiendo, arrepentirse y hacer grandes contribuciones a la vida espiritual de su comunidad. La razón por la que esto ocurre, creo, es que a pesar de las malas influencias a las que han estado expuestos estos jóvenes, aquello que aprendieron en el hogar es mucho, pero mucho más poderoso de lo que ellos mismos pueden imaginar.

“No hay ninguna garantía, por supuesto, de que los padres justos tengan éxito siempre en conservar a sus hijos, y ciertamente los perderán si no hacen todo lo que esté a su alcance para evitarlo. Los hijos tienen su albedrío…

Lo que sí sabemos es que los padres justos que luchan por desarrollar sana influencia en sus hijos serán juzgados sin culpa en el último día y, a su vez, tendrán éxito en salvar a la mayoría de sus hijos, o tal vez a todos” (Spencer W. Kimball, en Informe de la Conferencia, octubre de 1974, pág. 160)

Los niños aprenden principios rectos mucho más por lo que ven que por lo que escuchan. Analice las siguientes preguntas a medida que enseña a los niños principios justos y rectos:

  • ¿Vivo en la manera en que desearía que mis hijos vivieran?
  • ¿Comparto con mis hijos el significado espiritual de mis experiencias cotidianas?
  • Cuando los niños se quejan o hacen preguntas, ¿aprovecho la oportunidad para enseñarles un principio o me impaciento?
  • Si mis hijos no hacen la elección correcta, ¿trato de enseñarles en una manera más positiva o los abandono?
  • Si mis hijos se sienten mal por la elección incorrecta que hicieron, ¿los disciplino con el espíritu de amor o los rechazo? ¿Siento hostilidad o hago lo que hizo el padre del hijo pródigo?
  • Cuando enseño principios correctos, ¿estoy dispuesto a caminar en la fe y a nunca darme por vencido?

2 comentarios

  1. Jenny Huaman dice:

    Gracias, es m¡un mensaje muy hermoso… hay tanto por aprender, es bueno contar con paginas como estas.

  2. keily zambrano dice:

    gracias por el mensaje porque me ayudo omprender muchas cosas. Me gustariue me sigan llegando mensajes como estos i correo

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