“Te mando…velar especialmente por tu familia”
Por el Élder Neal A. Maxwell
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Neal A. Maxwell, “Te mando… velar especialmente por tu familia,” Liahona, Julio 1994, 101
En estos últimos días, cuando “todas las cosas estarán en conmoción”, el Evangelio restaurado de Jesucristo nos ofrece muchos elementos fundamentales, incluso la preciada perspectiva de ver “las cosas como realmente son” (Jacob 4.13).
El distinguido historiador Will Durant se ha referido a la necesidad que el hombre tiene de comprender el valor de los acontecimientos y la relación que tienen entre sí… Necesitamos saber que las pequeñeces son pequeñeces y que lo grande es grande, antes de que sea demasiado tarde; queremos ver ahora las cosas tal como habrán de parecer siempre: “a la luz de la eternidad”.
La luz del Evangelio nos da una perspectiva mucho más clara de la función de la familia.
Antes de referirnos a varias dificultades que confronta la familia, consideremos primero cómo el hecho de vivir sin Dios en el mundo causa la falta de una perspectiva uniforme. Si no existieran las verdades eternas, ¿a qué principios acudiría la gente en procura de orientación? Si no fuéramos responsables ante Dios, ¿ante quién al fin, lo seríamos? Más aún, si nada es realmente malo, entonces nadie es verdaderamente responsable. Si no existieran los límites, ¿cómo podría haber abusos? ¿Por qué han de sorprendernos tantas noticias alarmantes, incluso la falta de interés comunitario, cuando las personas hacen “lo que bien les pare[zca]” (Jueces 17:6; Jueces 21:25) y no buscan la rectitud del Señor, sino que andan “por su propio camino”? (D. y C. 1:16).
Reflexionemos, por ejemplo, en la escasa influencia que tienen los Diez Mandamientos en la vida de muchas personas. En la actualidad, matar, robar, y levantar falso testimonio se consideran un tanto inaceptables en la sociedad y son penados por la ley; pero no hay penalidad cabal en cuanto a la inmoralidad sexual, a guardar santo el día del Señor, a honrar padre y madre, ni a tomar el nombre del Señor en vano. Parte de esta decadencia representa la consecuencia del relativismo ético, la filosofía preferida de muchos, que no refleja ninguna verdad divina establecida, sino simplemente las tendencias del momento. No hay duda como lo advirtió Ortega y Gasset: “Si la verdad no existe, el relativismo puede tomarse en serio”.
Consideremos estas alarmantes tendencias que, si no se corrigen, causarán aún una peor combinación de consecuencias:
• Dentro de diez años, la mitad de los niños nacidos en los Estados Unidos serán ilegítimos.
• Un número cada vez mayor de niños carecen de padre en el hogar. Ya el 70 por ciento de nuevos delincuentes juveniles provienen de hogares sin padre.
• Menos de la mitad de los niños nacidos en la actualidad vivirán continuamente en compañía de su madre y su padre durante su niñez.
• La cuarta parte de todos los adolescentes…contraen una enfermedad de transmisión sexual antes de graduarse en la escuela secundaria.
• El cincuenta y cinco por ciento de los niños menores de seis años en los Estados Unidos…tienen ambos padres o el único que vive con ellos, trabaja fuera del hogar.
El padre Lehí (un profeta en el Libro de Mormón) se describió a sí mismo como un “padre tembloroso” (2 Nefi 1:14). ¡Hay en la actualidad muchos padres y abuelos temblorosos! Algunas familias viven hoy en un desierto peor que el que recorrió la familia de Lehí. ¡Las familias felices y tradicionales están en peligro de extinción, como algunas especies. ¿Quizás, uno de estos días, las familias puedan compararse con la especie del búho moteado en peligro y se les pueda dar más atención!
En la misma proporción que disminuye la responsabilidad paternal, aumenta la necesidad de que haya más policías. ¡Siempre habrá escasez de policías si hay una escasez de padres responsables! Del mismo modo, no habrá suficientes prisiones si no hay suficientes buenos hogares.
Se habla mucho, como todos sabemos, acerca de los valores familiares, pero la retórica por sí misma, no puede producir reformas. Muchos nostálgicamente añoran la vida familiar de antaño; ellos consideran el deterioro de la familia lamentable pero creen que esa situación no se puede revertir. Otros, seriamente preocupados por las peligrosas consecuencias sociales, están muy ocupados colocando barreras represivas, aún cuando esas barreras destrozan lo poco que queda en los jardines familiares. Unos cuantos conceptúan a la familia como una institución que se debe redefinir drásticamente o incluso anularse.
No existe la familia perfecta, ni en el mundo ni en la Iglesia (Mormona), pero hay muchas buenas familias. Vaya mi aplauso espiritual para esos valerosos padres, que se han quedado solos por la muerte o por el divorcio, quienes están honrada y “anhelosamente consagrados” en sustentar y mantener a sus familias, a menudo contra enormes dificultades.
Es lamentable que haya familias cuya situación es muy desdichada, pero estas grandes carencias no son razón para denigrar la naturaleza de la familia. ¡Debemos rectificar el curso, arreglar las filtraciones y no abandonar el barco!
Gran parte de la desesperación y violencia emanan de actitudes malsanas hacia toda autoridad, incluso la de las familias. Hace treinta y cinco años, un comentarista de la BBC, con gran preocupación dijo “que estamos engendrando adultos que tienen una actitud aún menos precisa y consistente hacia la autoridad que la que tenemos nosotros mismos, y que serán menos capaces aún que sus padres de educar a sus hijos con una sana actitud hacia la autoridad; y así se puede estar desarrollando una insidiosa avalancha que irá cobrando una espantosa velocidad de generación en generación”.
La “espantosa velocidad” se incrementa a medida que ocurren profundos cambios sociales en “unos pocos años” (Moroni 9:12).
Desafortunadamente, es más fácil alabar a la familia que crear una familia feliz. Es más fácil hablar, como lo estoy haciendo yo, de los valores familiares que poner en práctica esos valores. Es más fácil deleitarnos en nuestros buenos recuerdos de una buena familia que proveer a la generación en desarrollo sus propios recuerdos valiosos.
Las doctrinas difíciles, sin embargo, insisten en que formulemos preguntas difíciles. ¿Cómo puede una nación nutrir los valores familiares sin valorar y proteger constantemente a la familia en sus normas civiles? ¿Cómo podemos valorar a la familia sin valorar las funciones de los padres? ¿Y cómo podemos valorar las funciones de los padres si no valoramos el matrimonio? ¿Cómo puede haber “amor en el hogar” sin amor en un matrimonio? Son muchas las influencias egoístas que separan a los padres y madres uno del otro y a éstos de sus hijos.
En contraste, gran parte de la Restauración (de la Iglesia Mormona) se concentra en los principios fundamentales pertenecientes a la familia, que incluye sellamientos de familias por la eternidad. Los Santos de los Últimos Días no tenemos otra alternativa sino defender y testificar cada vez que se trate de la institución familiar, aunque no nos comprendan, se resientan con nosotros o no nos presten atención.
Al fin y al cabo, las familias mortales existe antes de la fundación de naciones, y las familias existirán aún después que el Todopoderoso “haya destruido por completo a todas las naciones” (D. y C. 87:6). Para los Santos de los Últimos Días, se debería hacer a la manera del Señor, cada año debe ser el Año de la Familia. Sin embargo, como Santos de los Últimos Días debemos esforzarnos por mejorara nuestra propia familia – ¡hacerla mucho mejor! Deberíamos retorcernos menos las manos y extender más los brazos amorosamente alrededor de nuestras familias.
De toda la labor de “perfeccionar a los Santos”, nada se compara a lo que se hace en una familia feliz. El presidente David O. McKay enseñó que “el hogar es la base de una vida recta y no hay nada que pueda suplantarlo, ni cumplir sus funciones esenciales”. 1 Algunas veces, sin intención, algunas actividades no programadas por la Iglesia, no debidamente organizadas, pueden perjudicar la vida familiar.
Aprendemos que, después de resucitar, Jesús enseñó a los nefitas, Él dijo: “Id a vuestras casas, y meditad las cosas que os he dicho”, y oren y prepárense “para mañana” (3 Nefi 17:3). Jesús no dijo vayan a sus clubes sociales, reuniones cívicas, o ¡aun los centros de estaca!
El atender a todos los deberes familiares incluye realmente enseñar a nuestros hijos “a comprender la doctrina de arrepentimiento, fe en Cristo el Hijo del Dios viviente” (D. y C. 68:25) ¡Cuán diferente punto de vista acerca de la familia del que el mundo tiene! En su libro “Niños sin Niñez”, Marie Winn lamenta la tendencia cada vez más común pero injustificada de tratar a los niños como si ellos tuvieran la capacidad de tener experiencias de adultos sin limitaciones. Hermanos y hermanas, quizás no podamos corregir tales tendencias, pero sí podemos rehusarnos a ser parte de ellas.
Cuando los padres no se preocupan por transmitir el testimonio y la teología junto con la decencia, sólo una generación después, esas familias sufrirán serio deterioro moral al perder sus inquietudes espirituales. ¡La ley de la cosecha no es más evidente ni más implacable que en los jardines de una familia!
Además de fomentar una amorosa “sociabilidad”, la cual un día, la “acompañará una gloria eterna”, ponemos énfasis una y otra vez en los remedios disponibles de las oraciones familiares, la Noche de Hogar, y estudio de las Escrituras en familia (D. y C. 130:2). Más aún, la revelación personal con respecto a las funciones paternales puede proveernos orientación y confianza específicas.
La aplicación de los remedios básicos tomará algún tiempo y no solucionará todo inmediatamente. Sin embargo, ¿qué podría ser más fundamental que el “amor en el hogar” cuando anualmente se registran cuatro millones de reportes de violencia doméstica, compitiendo con el número de nacimientos en Estados Unidos? La violencia en los Estados Unidos ahora mata “al equivalente de un salón de clases lleno de niños cada dos días”.
Para enfrentar tales desafíos, necesitamos más madres que sepan la verdad, cuyos hijos no duden que sus madres la saben (véase Alma 56:48). Mis hijos y nietos están bendecidos con tal madre y abuela. Necesitamos más padres bondadosos y considerados que también ejerzan la autoridad que da el ejemplo. Más padres deben ser recordados tal como la hija de un profeta, Helen Lee Goates recuerda al suyo: “Un padre que era tierno a pesar de ser firme, y una madre que era firme a pesar de ser muy tierna”.
En una familia feliz, lo primero y mejor es que aprendamos a escuchar, perdonar, elogiar y a regocijarnos por el éxito de los demás. En nuestra familia podemos aprender a controlar nuestros egos, a trabajar, arrepentirnos y a amar. En una familia donde hay una perspectiva espiritual, el pasado no nos debe restringir el futuro. Si a veces cometemos una acción incorrecta, las familias amorosas sabrán que ese no será nuestro último acto; la cortina no se ha cerrado todavía, habrá otra oportunidad.
Para algunos, estos remedios y cosas similares a éstas pueden parecerles demasiado simples para curar a una sociedad acosada por tantas aflicciones. En el antiguo y afligido Israel, también algunos desdeñaron los simples remedios prescritos divinamente, y perecieron (ver 1 Nefi 17:41).
Es obvio que los valores familiares reflejan nuestras preferencias personales. Dada la gravedad de las condiciones actuales, ¿estarían los padres dispuestos a renunciar a un interés exterior y en su lugar dedicar ese tiempo y talento a su familia? Padres y abuelos, ¡por favor examinen concienzudamente sus horarios y sus prioridades a fin de poder asegurarse de que sus relaciones principales en la vida reciban su principal tiempo!
La sociedad debe consagrarse nuevamente a su propia fuente de origen –la familia– donde los valores se puedan enseñar, vivir, experimentar y perpetuar. De otro modo, hermanos y hermanas, presenciaremos al final una peor inundación de las aguas del mal, que causarán corrupción y violencia aún mayores (véase Génesis 6:11-12; Mateo 24:37).
Sin embargo, si la combinación de los que provocan las tormentas persiste, las lluvias seguirán cayendo y causarán inundaciones; las represas y los paredones no bastarán para retener los aluviones. Más y más familias, aun las naciones, si se edifican sobre la arena secular en vez de la roca del evangelio, sufrirán las consecuencias.
A medida que aumenta el número de familias defectuosas, sus frustraciones irán afectando cada vez más nuestras escuelas y vecindarios, los que en la actualidad presentan ya una triste escena.
Las naciones en las cuales el idealismo tradicional cede el paso al cinismo de moda no habrán de recibir las bendiciones de los cielos y perderán valor aun a los ojos de sus ciudadanos.
En medio de tal confusión de fórmulas sugeridas por “tantos géneros de voces en el mundo”, las perspectiva que rescata y que redime requiere que lleguemos a conocer quién es Jesucristo, cómo vivió, y por qué sacrificó Su vida (1 Corintios 14.10; véase también Juan 10:27). Después de todo, es Jesús quien nos ha dado un concepto definido acerca de la familia.
Por lo tanto, al caer la tarde de este día de la Pascua, es oportuno que meditemos acerca de la Expiación de Jesús, imaginándolo allá inclinado y resignado, en Getsemaní. Su cuerpo doblado y sangrante transformó la mecánica gramatical de la muerte. Hasta el momento de Getsemaní y del Calvario, ¡la muerte era un rígido signo de exclamación! después, la muerte se dobló también para transformarse en una simple coma, una pausa.
Alabado sea Jesús por haber cargado sobre Sí los pecados y aflicciones de toda “la familia de Adán (2 Nefi 9:21; 2 Nefi 2:20). Esforcémonos aquí y ahora “velar especialmente por [nuestra] familia”, tal como Jesús lo hizo por la Suya, “sí, la familia de toda la tierra” (2 Nefi 2.20). En el nombre de Jesucristo. Amén.
Notas
1. Manual de la Noche de Hogar (Lago Salado: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1965), prefacio.

Maravilloso…..estupendo…parstudiar y estudiar….reflexionar….