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Disciplina y amor

padres-mormonesAlgunas veces, parece como si nada fuera bien en el mundo de hoy, incluso el mal comportamiento. Pero mientras que algunos padres permiten que sus hijos hagan lo que les plazca, independientemente del efecto que pudiera tener en el hijo y los demás, algunos van demasiado lejos en la dirección opuesta. ¿Qué es lo que creen los mormones? El castigo nunca debe ser el punto principal en la crianza de un hijo. Cada hijo va a hacer cosas que a los padres no les gusta y que no aprueban. Y los hijos muy jóvenes (o en los primeros años de adolescencia) pueden hacer estas cosas a menudo. Los padres no podrán –y no deberían – darles una palmada cada vez que haya un mal comportamiento.  Hay formas de disciplinar que no implican infundir miedo en el pequeño corazón del “malcriado” –hijo.

La investigación nos ha presentado tres estilos para disciplinar a los hijos. El primero tiene que ver con lo que algunas personas piensan inmediatamente al referirse a la disciplina. Golpes, gritos, inmediatos (o posteriores) y a menudo castigos severos por todo lo que un hijo hace mal. A pesar de que este método podría funcionar a corto plazo, el hijo con frecuencia detendrá cualquier cosa que esté haciendo por puro miedo, lo cual es en verdad perjudicial a largo plazo. Los hijos disciplinados de esta forma crecen a menudo temerosos de ser espontáneos, retraídos e incapaces de socializar. De hecho, a menudo son también agresivos y tienen menos conciencia en lugar de más. Este tipo de disciplina, utilizada por lo general, genera miedo e incomodidad, en vez de comunicación y amor, y los hijos sufren con ella. Al final, ni siquiera aprenden las lecciones que deberían.

El segundo tipo consiste en retirar el amor o la atención cuando un hijo no se sabe comportar. Mientras que con el primer estilo se podría golpear a un hijo cada vez que se rehúsa a hacer las tareas de la casa, un padre que usa el segundo estilo podría ignorar completamente al hijo hasta que las tareas sean realizadas. La conclusión de la investigación sobre este estilo es mixta, pero, justificadamente, un hijo disciplinado mayormente de esta manera puede terminar con más culpa de la que pueda manejar, lo cual podría ser paralizante.

El tercer estilo utiliza mucha comunicación y mucha amabilidad. Este estilo consiste en explicar a los hijos por qué no deben actuar de cierta forma, y actuar de otra. También incluye explicar las consecuencias de las acciones a los hijos y dejarlos experimentar dichas consecuencias. Se cree que esta forma da a los hijos conciencias más desarrolladas y razonables, lo que los mormones creen son bastante importantes y hace que ellos sean más competentes y responsables. Ellos entienden los por qué de las buenas y malas acciones. En vez de ser golpeados cuando hacen algo que no deberían, simplemente deberán asumir las consecuencias de sus actos. Si un hijo rompe una ventana, debe ayudar a colocar otra. O, si se establecen castigos, son castigos consecuentes y de acuerdo con el mal comportamiento. Si un hijo se queda una noche hasta muy tarde con los amigos, la noche siguiente se les prohíbe salir con ellos.

Las consecuencias deben asignarse siempre con amor y nunca con ira. Si algo que un hijo ha hecho molesta verdaderamente a un padre, el padre necesita, más que nada, calmarse hasta que pueda pensar claramente y amablemente las cosas. Ellos también deben esforzarse por comprender por qué el hijo hizo algo como lo que hizo, algunas veces puede haber una buena razón o una externa. Si un hijo es infeliz en la escuela o se siente desatendido o tiene algunos problemas emocionales, todo esto debe tomarse en cuenta.

Varios profetas y presidentes de la Iglesia Mormona han hablado al respecto. El ex Presidente José F. Smith resaltó el poder del amor sobre el poder del castigo, “No usen látigos ni violencia, sino acérquense a ellos con razón, persuasión y amor sincero. El hombre que se enoje con su hijo y trate de corregirlo mientras se encuentre molesto, está en el mayor error…Sólo puede corregir a su hijo con amabilidad, amor, pero un amor sincero.” Y el Presidente Gordon B. Hinckley citó de Doctrina y Convenios, uno de los libros mormones de Escritura, cuando aconsejó, “reprendiendo en el momento oportuno con severidad, cuando lo induzca el Espíritu Santo; y entonces demostrando mayor amor hacia el que has reprendido, no sea que te considere su enemigo” (D&C 121:43)

Siempre, el amor es el principio que debemos usar siempre con nuestros hijos.

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